Aunque las capacidades académicas son vitales para conseguir un nuevo empleo o ascenso, las empresas requieren -cada vez más- determinadas habilidades sociales entre sus candidatos y colaboradores.

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Las habilidades sociales se refieren a las aptitudes y actitudes que adopta una persona en relación a otras. Así, saber escuchar y comunicarse influyen en las relaciones laborales, además guardan estrecha relación a la forma en que los profesionales son vistos en su lugar de trabajo.

Estas habilidades, cada vez más demandadas por las empresas en los últimos tiempos, pueden perfeccionarse o aprenderse gracias a la retroalimentación recibida por parte de colegas, jefes y/o amigos.

A continuación, algunas habilidades cotidianas que pueden jugar un rol importante para que los líderes de una firma puedan determinar si alguien recibe un ascenso, es contratado o incluso despedido:

1. Es importante elaborar dos listas que puedan servir como una guía de acción. En la primera, la persona debería colocar todo aquello que ejecuta de manera correcta, mientras que, en la segunda, debería identificar qué aspectos podría mejorar en base a la percepción de otras personas.

No hay peor sordo que el que no quiere oír. La clave está en mantenerse abierto a la retroalimentación recibida y en la disposición a hacer un esfuerzo por trabajar en los puntos señalados.

“No le pregunte sólo a las personas con las que se lleva bien. Pregúntele a un par de personas con las que siempre está compitiendo o personas con las que choca”, sugiere Gabriela Cora, una asesora de ejecutivos en Miami, en conversación con The Wall Street Journal.

2. Otro aspecto que debería identificar son las cosas que activan reacciones demasiado emocionales. Solo de esa manera podrá anticiparlas y prevenir una respuesta demasiado impulsiva -y no deseada- ante personas de su entorno laboral.

Si ‘explota’ emocionalmente, tenga por seguro que su imagen se verá realmente afectada en su lugar de trabajo. Es fundamental aprender a manejar sus emociones, pero más importante es detectar qué situaciones podrían generar reacciones que preferiría evitar. Ésto último con el fin de actuar a tiempo.

De tal manera, si se siente emocionalmente abrumado en una reunión de trabajo, usted debería -simplemente- retirarse, aunque sea por unos cuantos minutos hasta restablecerse.

3. Aprenda a decir “no”. Si solo puede lidiar con unas seis o siete tareas diariamente, coménteselo a su superior para evitar una carga adicional, con la que no pueda batallar.

Recuerde que conocer sus límites no solo evitará quebrantar su salud física y mental, también impedirá excederse y cometer errores que puedan dañar su carrera.

“Su gerente podría no saber lo ocupado que usted está si sigue aceptando tareas adicionales sin preguntas”, anota Peggy Klaus, asesora de ejecutivos establecida en California. “Necesita delinear muy concretamente lo que tiene en su lista, qué tanto más puede administrar y priorizar lo que se debe hacer”.

Por último, no se sienta incómodo con la idea de autopromocionarse, pues el trabajo duro a veces pasa desapercibido sin ayuda. “Simplemente tiene que informar a otras personas quién es usted y qué ha logrado de una manera gentil y artísticamente hábil”, refiere Klaus. Es decir, cuente anécdotas que estructuren sus logros dentro de una narrativa entretenida.

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