El 3 de marzo se celebró el Día Mundial de la Vida Silvestre, fecha propicia para conocer al coordinador del área de Fauna Silvestre del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), Christian Abramonte Nuñez, responsable de luchar contra el tráfico ilegal de nuestros animales silvestres.

Foto: Andina
Foto: Andina

Abramonte Nuñez es biólogo con alma de abogado, y desde niño amó toda forma de vida. Sullana, su tierra piurana fue testigo de sus primera incursiones en la crianza de animales domésticos. Entonces, tenía 5 años cuando les pidió a sus padres unos pollitos para criarlos. Hoy treinta años después, los animales silvestres son su razón de vida y protegerlos, su misión.

Como coordinador del área de Fauna Silvestre de la Administración Técnica Forestal y de Fauna Silvestre del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) se encarga del control del tráfico ilegal de animales silvestres, y también autoriza la apertura de zoológicos, centros de rescate o zoocriaderos, y la caza comercial.

“Otorgamos títulos habilitantes a zoológicos, por ejemplo, que nos apoyan en la reubicación de los animales que incautamos. También autorizamos a personas, como coleccionistas científicos para que puedan cazar un número determinado de mariposas o escarabajos”, explica.

Pero sobre todo, comenta sacando pecho, coordinamos todas las actividades necesarias y que la normativa nos permite para sancionar a todas aquellas personas que tienen de manera ilegal animales silvestres o los venden (trafican) dentro o fuera del país.

“Lucho por aplicarles todo el peso de la ley pues además lucran con nuestro patrimonio natural en condiciones devastadoras, sin ni siquiera agradecerle a esos animalitos el beneficio que obtienen de ellos. Me da rabia que los saquen del bosque y los trasladen en condiciones de hacinamiento”, comenta, y se le quiebra la voz.

Aves sin nido

De pronto, Abramonte Nuñez, rescata del pasado un episodio que vivió hace algunos años atrás. Recordó que de la empresa Transmar decomisó 700 pihuichos, un tipo de periquito de ala amarilla, dentro de una caja de frutas. Aquella vez sólo pudo salvar a 150. El resto había muerto asfixiado.

Esta situación se repite, pues los animales que más se trafican son las aves como los loros, pericos y guacamayos. Pero también reptiles como las tortugas, y primates como el mono Fraile. Lo doloroso con los monos, cuenta, es que para traerse a las crías los cazadores matan a los padres. “La madre las defiende a morir”.

El problema para él es que existe un sentido común generalizado en la población de que un mono o cualquier otro animal silvestre puede ser una mascota. Esa gente es quien le compra a los traficantes. “Pero yo no hice nada señor, sólo los tuve en mi casa” responden cuando uno los coge con las manos en la masa, cuenta el biólogo.

Abramonte propone que el Poder Judicial forme jueces ambientales para evitar que queden libres los traficantes de animales silvestres. Hasta el momento, con mucho esfuerzo ha logrado judicializar 20 casos.

Mientras tanto, sostiene, la gran tarea que tenemos todos es comprender de una vez que los seres humanos somos parte del ecosistema, del bioma, del universo.

Hoja de Vida
2001- 2005 se formó como biólogo en la Universidad Nacional de Piura.

Actualmente estudia una maestría de zoología, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con mención en ecología y conservación.

Escribe: Susana Mendoza Sheen

 

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