Si bien los países han apuntado siempre a crecer de manera inclusiva, lo que hoy ha cambiado es que este objetivo se está convirtiendo en una realidad para los países en desarrollo y alejándose del primer mundo.

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Este término describe a las personas que trabajan en dos situaciones: bajo acuerdos informales con empleadores o como empleados independientes en ocupaciones que generan ingresos irregulares. En cualquiera de los casos, no reciben seguridad social ni por desempleo. Hace unos años, la informalidad laboral traía a la cabeza escenarios de países en desarrollo.

Sin embargo, esto ya no es así. Con el incremento del desempleo entre los jóvenes en la parte “rica” de Europa, este fenómeno ya es global. Los periódicos en Francia, España y otros países vecinos están repletos de reportajes sobre “la nueva precariedad”, advirtió Klaus Zimmermann, catedrático de economía en la Universidad de Bonn.

“Los países del primer mundo y aquellos en vías de desarrollo han apuntado siempre a brindar un crecimiento económico más inclusivo. Lo que ahora ha cambiado es que los países en desarrollo están llegando a ese objetivo que siempre les fue esquivo. Grandes partes de sus poblaciones están migrando hacia un estatus de clase media”.

Precariedad global

El especialista explica que el aumento de la informalidad en Europa ha surgido, en mayor parte, porque los empleadores están buscando reducir sus costos y recurren a acuerdos legales con sus empleados. Es decir, los empleados están haciendo, sin mucho asombro, aquello que es mejor para la compañía en lugar del trabajador.

Aun bajo el espíritu optimista de los Estados Unidos, los jóvenes están mudándose de vuela a la casa de sus padres cada vez más porque no pueden encontrar empleo al terminar la universidad. Los periódicos estadounidenses afirman que esos chicos boomerang no son nada nuevo, pero solían referirse únicamente a economías en países más lejanos, como Italia.

“Lo cierto es que mucho de la precariedad laboral actual de Italia también puede encontrarse en EE.UU., aunque tampoco es un motivo de celebración para Europa”, señaló Zimmermann. La única buena noticia es que mientras la generación de baby boomers comience a jubilarse en mayor número, al fin los jóvenes podrían tener más oportunidades de encontrar trabajo.

Factor unificador

La otra cara de la moneda es China. Luego de una gran ola de ingreso de fuerza laboral a mercado, la población apta para el empleo acaba de pasar su pico máximo. Aunque la precariedad se manifiesta en las capas más adultas de su población, donde la pobreza va en aumento. Esta realidad, sin embargo, ahora también se está debatiendo en países “ricos” como Alemania y Japón.

“Todo esto demuestra que la informalidad y la precariedad en la calidad de vida, en lugar de seguir siendo una característica de ciertos países, se está convirtiendo rápidamente en un factor unificador: una condición común de la humidad”, finalizó el autor.

(Gestión)

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