Nuevas herramientas permiten a los gerentes tener un control más efectivo de los procesos en sus empresas. “Efectivo”, en este contexto, puede ahuyentar o atraer empleados. ¿Se ha dado cuenta si está usando la tecnología a su favor?

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“De todos los multimillonarios que conozco, si fueron unos patanes antes de tener dinero, ahora son simplemente patanes con mucho dinero”. Warren Buffet estableció, con esta frase, una doctrina que también podemos aplicar al uso de herramientas tecnológicas en los negocios.

Esta perspectiva nos dice que tener más de algo no cambia a la gente, sino que amplifica sus rasgos esenciales de su comportamiento. Así, “la tecnología parece volver a los ‘locos’ del control gerencial aún más perturbadores y a los que tienen poder, les da incluso más de ello”, apuntó Michael Schrage, socio del Centro para Negocios Digitales del MIT.

En una publicación en el Harvard Business Review, Schrage revela los efectos de la doctrina Buffet en la tecnología aplicada a las empresas. “De una manera más cínica, estas herramientas polarizan el mercado de la gerencia: ayudan a los buenos gerentes a ser mejor y a los malos a ser peores”.

Caras opuestas

Para dar ejemplos, el especialista citó el caso de una empresa tecnológica global. Un gerente de proyectos, conocido por ser un meticuloso al extremo, programó alertas en su plataforma de intranet cada vez que los empleados cambiaran las fechas u horarios en la realización de un proyecto.

Con este tipo de vigilancia, terminaba inmiscuyéndose en los flujos de trabajos de los empleados. Al poco tiempo, todos empezaron a comunicarse con sus correos personales para compartir información laboral. “Su sistema de vigilancia técnicamente perfecto causó la renuncia de docenas de supervisores de la compañía”, aseguró el autor.

Pero también hay un lado bueno de la tecnología. Una ejecutiva de cuentas senior, que ya tenía una reputación de mentor, empezó a usar su tableta para enviar enlaces y recomendaciones regulares a sus empleados. ¿El objetivo? Los invitaba a hacer preguntas sobre los temas que enviaba, relacionados al trabajo que hacían cada día.

Estableció, además, una regla: respondería todas las preguntas y correos que recibiera hasta antes de las 9 p.m. “Me es fácil compartir cosas con ellos y trato de que hagan lo mismo”, dijo la ejecutiva. Sus empleados, según Schrage, creen que ella es magnífica.

El uso de la tecnología puede convertir el “control gerencial” en una ventaja al igual que en un inconveniente. Inmiscuirse no es la mejor opción. Participar, en todo caso, parece ser el camino. Los gerentes deben revisar cómo se comunican. ¿Cuántos mensajes pueden interpretarse como gerenciales o de recomendación? ¿Estoy cediendo a mis obsesiones usando estas herramientas? Ahí están las claves.

(Gestión)

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